La ciudadanía ante la falta de regulación de los vehículos innovadores para la micro movilidad

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Susana Kanahuati, 25 de marzo.- Agradezco la oportunidad de hablar a nombre del grupo de vecinos con el que comparto espacios, cotidianidad, vicisitudes y acciones derivadas de vivir en una
ciudad como la capital del país. Agradezco asimismo a quienes harán el favor de
escuchar algunos de los planteamientos a continuación enunciados. Es preciso
enfatizar que todos y cada uno corresponden a posturas de carácter político,
nada con la etiqueta de personal, estamos ciertos que discutimos las ideas, no
las personas.

La ciudadanía ante la falta de regulación de los vehículos innovadores para la
micromovilidad

ezco la oportunidad de hablar a nombre del grupo de vecinos con el que
comparto espacios, cotidianidad, vicisitudes y acciones derivadas de vivir en una
ciudad como la capital del país. Agradezco asimismo a quienes harán el favor de
escuchar algunos de los planteamientos a continuación enunciados. Es preciso
enfatizar que todos y cada uno corresponden a posturas de carácter político,
nada con la etiqueta de personal, estamos ciertos que discutimos las ideas, no
las personas.

“Micromovilidad” e “innovación” son para nosotros un entuerto. Quizá la única
práctica que podría recibir la etiqueta de innovadora es la sofisticación de
administraciones y gobiernos para apropiarse del espacio público y atender a la
lógica de acumulación y despojo de lo público. En este particular, son las
banquetas y calles las que entraron en una lógica monetaria. Quiero ser clara,
entendemos que esa es la naturaleza de los supuestos gobiernos, no conocen
otra forma de ejercer.

Susana Kanahuati.

Público como sinónimo de disputa, es ahí donde la lógica economicista seguida
al día de hoy nos coloca. Como ciudadanos atestiguamos cómo la calle deja de
pertenecer a las mayorías. Las modificaciones al trazo urbano emanan de
buenas intenciones, quizá. Pero evidentemente tienen un sesgo de conceder a
empresas particulares el usufructo de una abstracción que nos es cada vez más
lejana: libre tránsito.

Por libre nos referimos a gratuito, suficiente y digno. Déjenme plantearles una
situación que nos hace entender que la brecha entre gobierno y pueblo es cada
vez más amplia. ¿Qué beneficios genera que una, cuatro,100 empresas de
motopatines, bicicletas o mochilas cohete utilicen el espacio público?

Entendemos que como sistema las instituciones gubernamentales están
agotadas en la capacidad de respuesta para los problemas que genera el ir y
venir de 23 millones de personas todos los días. No somos ingenuos. Pero lo
que no entendemos es porqué esos empresarios no generan mejoras de
carácter vial, hídrico, de transporte de alta capacidad. ¿Qué orilla a quienes
ocupan determinada posición para la toma de decisiones desde el gobierno para
favorecer el negocio, cuestión a la que no nos oponemos, pero sin otorgar una
banca para algún parque, libros para la red de bibliotecas, infraestructura para el
deporte en la capital? Aquí sí, queremos seguir ingenuos.

¿Dónde comienza el uso del espacio público para cobrar por disponer un patín y
termina nuestro derecho a decidir respecto a este tipo de cuestiones que
involucra los niveles de sociabilidad de la capital? Porque la escena no puede
ser sino surrealista. Automovilistas enojados con quienes usan patines.
Atropellados, fugados, pugna en las banquetas porque nadie entiende cómo
defender el espacio vital. Funcionarios mascullando términos como
“micromovilidad” e “innovación” y empresarios que, cual táctica guerrillera,
primero ocupan el espacio y después negocian bajo el argumento de resolver
“problemas”. Reiteramos, para nosotros es surrealista.

Este tipo de escenas, de circunstancias políticas asientan con firmeza en
nosotros la convicción de defendernos. Ya ni siquiera de un gobierno, ciertos
estamos que para las autoridades es imposible mentalmente burlar la trampa de
ser guardianes de los bienes privados. Honestamente les decimos, no advierten

que las propias instituciones que ocupan ejercen sobre ustedes un poder:
postrarlos ante las empresas privadas. De ustedes, en función de mejorar los
componentes de un contrato social celebrado entre instituciones y acumuladores
pero donde por desgracia nos colamos a fuerza de la realidad, no esperamos
algo más. Reiteramos no somos ingenuos.

Lo que sí pedimos, que de esperar nada nos queda, es que realicen a
contracorriente de lo que practican, un verdadero ejercicio de integración.
Agradecemos los foros, son importantes para nosotros, pero resultan
insuficientes. Queremos colaborar con nuestra experiencia. No realicen
operativos, insistimos, resolver la ecuación atraviesa ineludiblemente por la
integración. ¿Qué quiere decir? Busquen caminar por reforma a la hora de la
comida. Encontraremos bicicletas, patines, casetas telefónicas. Ninguna de las
erogaciones que hacemos particulares van las arcas públicas, por ello no existen
mejoras de carácter público. Polanco evidencia las consecuencias no nada más
de la reglamentación ausente, sino de la intervención anárquica del espacio.
Atestigüen de tanto en tanto esas circunstancias. En el parque, como si se
tratara de una franja de tolerancia, están los vendedores de papitas, tacos de
canasta, globos, economía de carácter nimio, economía de la subsistencia, de
abatimiento de la miseria. Cruzando la calle, los patines, las bicicletas, las
mesas de restaurante, los módulos de ballet parking. Intransitable, preguntamos,
¿ustedes creen que el vendedor de chicharrones se atreve a cruzar dicha calle?,
¿qué le pasaría si buscara ejercer el derecho al espacio público?, ¿ustedes qué
creen que le pasaría de llegar al juez cívico?, ¿quién le repondría la venta del
día? Ahora preguntamos, ¿han intentado quitar una bicicleta porque impide el
derecho humano al libre tránsito?

Parece que no advierten una cosa, las empresas favorecidas para ocupar el
espacio público en detrimento de mi libre ejercicio a, si quiero, tirarme panza

arriba en la banqueta, propicia, cultiva y ensancha la brutal desigualdad que
vivimos todos los días. México no le pertenece al pueblo, le pertenece a las
empresas que forman una suerte de supragobierno y que, por una módica
cantidad, nos permiten disfrutar de su espacio, de sus calles, de sus segundos
pisos, de sus plazas comerciales, vaya, próximamente hasta de la Riviera Maya.
No, no somos ingenuos, sabemos que, como dije al principio nos tenemos que
defender, no de las personas, sino de un sistema que no conoce otra razón de
ser más que despojar, acumular y desechar.

Micromovilidad dicen ustedes. Integración sugerimos nosotros. Miravalle,
Iztapalapa. Quizá muchos no conozcan la zona. Enclavada en un cerro,
pavimento que un día se desmorona y otro también, sin banqueta, sin
señalética, con taxis pirata, sin transporte suficiente. ¿Qué impide que las
empresas usufructuarias del espacio público en zonas donde existe determinada
infraestructura colaboren con el gobierno para, en una suerte de economía a
escala, mejorar las condiciones urbanas de zonas como la señalada? Nada, es
una simple cuestión de voluntad, política y, algo que consideramos es la
principal limitante: entender que el poder debe ser de la gente. Poder como la
capacidad de transformar las condiciones del entorno.

No es tan complicado, y ya que aprendimos a intentar adaptar modelos
extranjeros, compartimos de manera sucinta un ejemplo. Singapur, el país más
abierto al libre mercado del mundo pide únicamente tres cosas a las empresas
que busquen realizar negocios: seguridad social, educación, vivienda. Seguridad
social para que ningún trabajador disponga parte del ingreso a curar desde una
gripa hasta una operación. Educación porque el modelo está enfocado en la
innovación tecnológica y las compañías se involucran en el diseño del plan de
estudios bajo una óptica de innovación tecnológica e incremento sostenido de la
productividad. Vivienda porque la dispone el gobierno. ¿Ustedes creen que para

los ciudadanos de aquel país es conflicto identificar qué tipo de gobierno deben
elegir? Es decir, sí, créanlo, es posible modificar las relaciones de poder con la
IP, son el gobierno. El mercado de la capital es más grande que el de países
enteros, Uruguay cabe en Iztapalapa, ¿creen que les dirán que no están
dispuestos a, por ejemplo, equipar de cabo a rabo las salas de computación de
las prepas del IEMS? Humildemente les decimos conocer la ciudad cotidiana les
dará un combustible permanente para, quizá en pequeñas cosas, dejar la
práctica poco favorable para las mayorías de conceder espacios públicos.
Sabemos que no es por ausencia de voluntad, el tiempo no alcanza, por ello
consideramos que la integración es una buena posibilidad. ¿Están dispuestos a
integrarse en los distintos espacios que ocupa la sociedad? No es cuestión de
afirmarlo en un discurso, es un aprendizaje tácito.

Sin importar el partido, para nosotros el país y la ciudad en particular es una
suerte de casino. Bajo el tétrico supuesto de la inversión, concedemos el
espacio público, las vías de comunicación, los bienes naturales, todo. Las
ganancias son monumentales, grandes. Los beneficios para la mayoría ninguno.
Los funcionarios obtienen lo que la propia cultura les dicte. Desde comidas,
departamentos, sociedades empresariales, autos, vacaciones y un decadente
etcétera. Preguntamos, esto sí desde la ingenuidad: ¿Qué entienden por servir a
la gente? Esto no es una confronta, es un diagnóstico: paren ya de servirse de la
gente.

Para la ciudadanía, para la que yo como parte de Vecinos Unidos conozco, la
ausencia de regulación atraviesa por los agentes que ocupan las instituciones.
Creemos que la ausencia de regulación, en términos de una cultura que les
permita soportar los embates económicos y de situación de clase que realiza
seductoramente la iniciativa privada, es un mal que queremos ayudar a combatir.
No somos ajenos a los nuevos tiempos políticos, pero en el caso del espacio

público y la forma en que todos los días, en los hechos, parecen querer cercar a
las mayorías, para nosotros nada cambió. Nada aún.

Al acudir a estos espacios dejamos de manifiesto que poseemos ideas,
creatividad, disposición y afán de colaboración. La supuesta clase política no es
para nosotros un enemigo, entendemos que atendemos diversas situaciones y
posiciones. Pero al ser parte de un entramado social, nos consideramos
importantes, aun no determinantes, pero sí con los suficientes conocimientos
para enriquecer no nada más el debate, sino el ejercicio de gobierno. Siempre y
cuando las acciones estén encaminadas a incrementar nuestra capacidad de
decisión y coloque a los espacios de la sociedad como el centro de gravedad de
la toma de decisiones políticas, cuenten con Vecinos Unidos.

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