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Iztapalapa, 2 de julio. Por Blanca Juárez.- En Iztapalapa el barrio respaldó el voto. El robo de papeletas, “secuestro” de urnas y funcionarios, compra de sufragio, agresiones a votantes, así como la falta de boletas fueron algunas de las trabas que no todos pudieron librar. Pero lo intentaron.

A las 7:15 de la mañana sujetos armados robaban 583 boletas en las colonia ampliación Santiago Acahualtepec. A esa hora la señora Angelina Chávez ya se preparaba para ir a votar. Pero al llegar a la casilla le informaron del hurto. “Me siento muy mal, no pude elegir a mi alcaldesa”, señaló en entrevista.

Casilla electoral a la intemperie en la colonia Ejército de Oriente.

Los ladrones sólo se llevaron la papelería local y les dejaron la federal. Así que autoridades del Instituto Nacional Electoral (INE) enviaban a los votantes a las casillas especiales para que ahí terminaran de votar. Pero los funcionarios del INE en esas otras instalaciones los rechazaban.

En Iztapalapa cada año Jesucristo sufre su viacrucis. Y los vecinos cada elección padecen uno igual. Angelina Chávez recorrió tres casillas y en ninguna pudo votar.

Esta delegación, con el mayor número de votantes y de presupuesto, es la joya electoral más deseada en la Ciudad de México.

En otra colonia, Desarrollo Urbano Quetzalcóatl, unos compraban sufragios y otros los vendían. “Estamos haciendo cosas buenas”, señaló uno de los ofertadores. Con cerveza en mano advirtió: “no anden por aquí queriendo ver lo que hacemos. A la otra no salen”.

Aglomeraciones en una casilla electoral del Distrito 22.

Algunos iztapalapenses defendieron su voto hasta donde pudieron. Incluso arriesgaron su integridad física, como una funcionaria electoral que hasta altas horas del domingo 1° estuvo retenida en la Primaria José Santos Valdez. Fueron las autoridades electorales quienes quizá no respaldaron al barrio.

En el Predio Degollado en la madrugada del lunes 2  llegó un escuadrón de granaderos para proteger a los funcionarios de la casilla, quienes permanecían encerrados en el inmueble porque en la calle un grupo de personas en motonetas y a pie los esperaban para agredirlos.

Fue necesario que los granaderos completamente equipados con su armadura antimotines hicieran una valla para resguardar a los funcionarios electorales y el “tesoro” de los paquetes electorales que los vándalos en la calle pretendían robarse.

Reconocimiento especial al personal que voluntariamente trabajó como funcionario electoral.

Voceros del partido Morena advirtieron el viernes 29 de junio, que en al menos 500 domicilios particulares de Iztapalapa se estaría comprando el voto, sin que las autoridades hicieran algo por impedirlo.

En algunas unidades habitacionales las cosas fueron mejor. Ubicadas en lugares estratégicos de las gigantescas concentraciones humanas, las casillas electorales se vieron desbordadas desde las primeras horas de la mañana por cientos de ciudadanos urgidos de votar. Bajo los rayos del sol el trámite se hizo lento. Los ciudadanos tuvieron que esperar en algunos casos hasta 90 minutos en la fila para llegar hasta la urna y depositar las papeletas.

En las unidades habitacionales hubo gran afluencia de ciudadanos para votar.

Mención honorífica merecen los ciudadanos que pese a todos los riesgos y dificultades participaron voluntariamente como funcionarios en la casilla electoral. Muchas mesas de votación se instalaron a la intemperie en la calle, resguardadas únicamente por un toldo que las autoridades electorales colocaron para proteger primero del inclemente sol de Iztapalapa y luego de las tradicionales “lluvias atípicas” del verano.(Con una pequeña ayuda del Editor)

 

 

 

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